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viernes, 6 de julio de 2012

Isabel Márquez (1922 – 2012) In Memoriam


Isabel Márquez del Palacio del Café

No soy religiosa, pero si hay un cielo, en este momento debe estar envuelto por un exquisito aroma a café porque Isabel seguro los está deleitando con sus especialidades y su gracia infinita.

Mi adicción a la cafeína es viejísima, tan vieja como yo. No me acuerdo de mi primer café con leche pero sí me acuerdo de dónde salía el café que llenaba mis tres tazas diarias. Vivíamos en ese entonces cerca del Palacio del Café. Mis primeros recuerdos son de cuando tenía 3 años y mi madre me llevaba a comprar los granos venditos que perfumarían mi ración de leche. Y en aquel Palacio del Café estaba su reina, Isabel, siempre radiante, siempre majestuosa.

En esos días yo creía que Isabel era su dueña. Siempre nos recibía muy elegante y simpática con un beso y en cada visita me daba un chocolatito Águila. Nunca supe quién pagaba el chocolate pero para mí era ella que me lo regalaba y no había día de la semana que me gustara más que aquel día en que la Reina Isabel, me esperaba en su palacio de aromas hipnotizantes con un chocolate. Isabel era mi primera amiga fuera del entorno familiar.

Unos años después la escolaridad y una mudanza a barrios más lejanos me privaron de aquellas visitas. El nuevo barrio contaba con un moderno supermercado que vendía el café ya embolsado. La modernidad y conveniencia cambió los hábitos de compras de mis padres pero la cajera del supermercado no solo no repartía chocolates sino que ni nos dirigía una mirada.

Palacio del Café
El Placio del café en la época que Isabel trabajaba allí.

Ya de adulta e independiente, volví a vivir al Centro y volví a comprar mi café en el Palacio del café. Allí estaba Isabel, más madura pero con la misma elegancia y actitud hacia sus clientes y su trabajo. Entonces me enteré que no era la dueña sino una empleada. Con Isabel aprendí que se puede amar y disfrutar de un trabajo, que se puede tratar al trabajo y a los clientes con amabilidad y respeto. Y que si uno ama su trabajo, puede estar allí toda una vida. Isabel se jubiló de su primer y único trabajo hace ya bastante y se dedicó a disfrutar de sus viajes y su séquito de amigos. Hizo muchísimas amistades entre compañeros de trabajo y clientes.

Hoy fui al Palacio del café y me enteré de la mala noticia. La semana pasada la Reina Isabel no pudo convencer al cliente máximo de que la dejara estar un poquito más. Un quiebre de salud no se pudo curar ni con su fuerza de voluntad ni con su amor a la vida.

Había soñado con hacerle una entrevista para este blog algún día, para que ella misma nos contara sobre su vida. Pero no llegué a tiempo. Ahora Isabel debe estar en su nuevo palacio, porque seguramente sigue siendo una reina, y andará repartiendo chocolatitos envuelta en una nube con aroma a café.

Te recordaremos siempre Isabel.

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