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jueves, 21 de agosto de 2014

Thelma

Thelma

En la esquina del exBulebar, reencarnó Thelma. Y qué mejor que ir a probarlo que con mi Joy Luck Club. Solo que esta vez, una de las integrantes faltó con aviso. Y así nos transformamos en Las Tres y marchamos a Thelma.

El lugar luce completamente diferente y sin embargo tiene la misma personalidad de los ´50 norteamericanos. El menú también se le parece mucho al de Bulebar pero con más opciones dulces. Punto a favor.
Los booths son para 4 personas y no son muchos. Así que si pensás ir con amigos, mejor reservá con anticipación. De todas formas, las otras mesas no son tan malas, allí nos quedamos horas como para testificar que no son incómodas.

Thelma
Una vez sentadas, rápidamente vino un chico a levantar nuestro pedido. Lo interesante de Thelma es que los que atienden se sientan en la mesa un minuto contigo, charlan un poco y lo hacen a uno sentir como que está en la casa del mejor amigo. A alguna de Las Tres no le gustó mucho este procedimiento, pero a mí sí. Luego se retira con la orden y uno queda envuelto en la estruendosa música. Un poco muy alta para mi gusto, pero hey, se ve que no soy del segmento del mercado al que apuntan.

A mí me había quedado pendiente probar en Bulebar el milkshake de Mantecol. Por suerte, Thelma también lo ofrece así que no dudé un segundo. Y para acompañarlo, pedí una donut, porque siempre ando buscando la donut perfecta. El milkshake de Mantecol resultó delicioso. E ideal para el día templado de esta primavera adelantada que nos tocó vivir. Bien helado y con buen sabor a Mantecol pero sin llegar a ser pesado o empalagoso. 10 puntos. La donut … mejor ni entrar en detalles. El misterio más grande es cómo una donut tibia puede estar tan suave y húmeda en el aro externo y dura y reseca en el aro interno. No es la ideal, ni cerca.

Thelma
Mis amigas pidieron dos cortados y decidieron compartir un brownie. Y dijeron que el brownie estaba muy bueno con su cobertura de dulce de leche. No hicieron ningún comentario sobre los cortados y me olvidé de preguntarles. Pero a juzgar por la rapidez con que vaciaron sus tazas, no estaban nada mal.

Horas después, con Thelma llena hasta los topes, gente esperando afuera, y las luces del estadio encendidas, nos retiramos. Los nuevos ingresos ya estaban consumiendo unas tremendas hamburguesas con papas fritas. Me detuve un instante al son de algún jugo gástrico. Pero recordé que me llamo Dulcinea Cafferatta y salí tras mis amigas.

Thelma and Louise se habrán tirado del cañón del Colorado. Pero Thelma está vivita y coleando (y barullenta) en la proa de Bvar España y Edil Pratto.


Thelma


Consumición: 1 milkshake ($150 c/u) + 2 cortados ($60 c/u) + 1 donut ($35 c/u) 1 brownie ($120 c/u) = $ 430

Tiene Wi-Fi

Thelma
Bvar España 2231
Teléfono 091 063 469

Facebook
https://www.facebook.com/thelmabar




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lunes, 26 de agosto de 2013

Conaprole de Trouville

Conaprole de Pocitos

 Soy de la generación Colet. De la primera generación Colet, cuando el Colet venía en botella de vidrio. Y más rica. Y cuando la Conaprole tenía cafés en varios lugares de Montevideo: Centro, Carrasco y Pocitos. El Colet murió y reencarnó en cajitas con pajitas. Las tiendas murieron una muerte lenta y por ahora no hay Cristo que los resucite. El último velorio fue el de la sucursal de Pocitos frente a Trouville. Cerró sus puertas en el 2011 y solo quedan los recuerdos y las nostalgias. Así que para celebrar el fin de semana de la Nostalgia, me puse a escribir este post y recordar los dulces momentos que pasé en la Conaprole.

Me gustaba ir de vez en cuando a tomar la merienda a la salida del colegio. Ya se sabía que pediría: un colet con una roseta. Cuando la máquina de rosetas se rompió y ya no las hicieron más, fueron sustituidas por un yo-yo. Décadas pasaron, maduré, fui a la universidad y decir que uno iba a la Conaprole era tan vergonzoso como decir que a uno le gustaba el tango. Sin embargo, siempre me las ingenié para ir a la Conaprole de vez en cuando, y de incógnito, a tomarme un milkshake de chocolate porque el Colet también había desaparecido.

Conaprole de PocitosLuego vino mi emigración a tierras donde la gente nunca había oído hablar de la Conaprole. Cuando le decía a mis amigos latinos que el más rico era el dulce de leche Conaprole, me preguntaban “¿y qué es aprole?”. Así que cuando volví a Montevideo y la gente me preguntaba a dónde quería ir, yo contestaba “a la Conaprole”. Las miradas de horror de los montevideanos me daba la pauta de que tendría que ir sola una vez más. Y así cumplía mi peregrinación anual al templo lácteo de la rambla a tomarme mi milkshake acompañado con un yo-yo.

Mi última visita fue en el 2010. Cuando regresé a Montevideo pensé que ahora que vivía acá, tendría tiempo para ir innumerables veces. Los agujeros en los manteles, el salón vacío, y las canas en las sienes del fiel mozo que me atendió por décadas, no fueron señales suficientes para sacarme de mi negación. La Conaprole de Trouville estaba agonizando y yo no fui a despedirme de ella. Un día, sin que yo lo notara de antemano, cerraron sus puertas. Y yo quedé con mi nostalgia y una pobre foto de mi dúo favorito.

Algún día, la noche de la nostalgia, debería incluir reabrir la Conaprole. Aunque sea por una noche, y tomaré colet en sus vasos altos acompañados de cucharas altas de añejas platerías. La música es opcional. 

Conaprole de Pocitos


Última consumición: un milkshake de chocolate y un yo-yo

Conaprole de Trouville
Rambla y Solano Antuña



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