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jueves, 16 de enero de 2014

El Palacio del Café (Mercado Agrícola)

El Palacio del Café - Mercado Agrícola de Montevideo

Casi todo está cerrado en Montevideo en este caluroso enero. Pero hay un lugar que no falla, el Mercado Agrícola. Así que allá fuimos el fin de semana a buscar algo dulce para comer y un buen asiento para pasar un buen rato en un ambiente refrescante. Con algún inconveniente en el camino y el riesgo de haber podido perder la cámara de fotos, llegamos sanos y salvos al Mercado (nota 1)

El Palacio del Café - Mercado Agrícola de Montevideo

En nuestra visita pasada me había quedado con ganas de tomarme un cafecito en el Palacio del Café. Pero en esa oportunidad estaba lleno y además no había nada dulce para acompañar el café. Así que como recordarán, nos fuimos a tomar el café al Cafédel Mercado 

Esta vez, encontramos que el Palacio del Café tiene un menú bastante atractivo de bebidas y cosas dulces. El Brazo pidió un café y dos palmitas. Yo pedí un café y un muffin de naranja. El muffin resultó ser de Pellegrin y estaba delicioso y un buen compañero de ese delicioso café de grano recién molido, sabroso y perfumado. El Brazo quedó satisfecho con sus palmitas y su café.  Y de salida, aproveché para llevarme una bolsa de medio kilo de Especial Familia, mi favorito para mi café con leche casero.

El Palacio del Café - Mercado Agrícola de Montevideo

El lugar tiene menos aroma que la casa central, pero la casa central no tiene las mesitas para disfrutar de un rato de buen café y buena conversación. Así que seguiré visitando ambos lugares. Un buenísimo emprendimiento de El Palacio del Café. Y un incentivo para mí para ir mas seguido al Mercado Agrícola.

El Palacio del Café - Mercado Agrícola de MontevideoEl Palacio del Café - Mercado Agrícola de MontevideoEl Palacio del Café - Mercado Agrícola de Montevideo

 Consumición: 2 cafés ($50 c/u) + 1 muffin ($40 c/u) + 2 palmitas ($10 c/u) = $ 110
Tiene Wi-Fi

El Palacio del Café
Mercado Agrícola de Montevideo
José L. Terra 2220
Tel.: (+598) 2200 8879
Lunes a Domingos de 8 a 22 hs.

Página Web

Facebook

Nota 1: 
El Brazo y yo caminábamos tranquilamente desde el Palacio Legislativo hacia el Mercado Agrícola, cuando al pasar por detrás de la Facultad de Química, veo unos graffitis, otra de mis colecciones fotográficas. Así que paro un segundo y tomo una foto. Solo una foto. Al mismo tiempo que el click, oigo una voz masculina que no era la de El Brazo que dice “no saque fotos de esas porquerías! Saque fotos de las cosas buenas de este país.” Mientras me doy vuelta veo a un hombre con cara de enojado dispuesto a seguir su arenga “Vaya hasta el Mercado Agrícola a dos cuadras y saque fotos allí! Esto no es el Uruguay! Después van y ponen esas fotos en Internet y muestran por ahí lo que el Uruguay no es!” Yo traté de calmarlo y decirle que yo era uruguaya y que no iba a publicar las fotos. No había convencimiento. Por un momento pensé que me iba a sacar la cámara y me la iba a romper. Así que empecé a alejarme prometiéndole que sí, que iba hacia el mercado y que tomaría fotos allí. Y que no publicaría las fotos de los graffitis, que eran solo para mí, etc., 
Moraleja: si vas a andar por Montevideo,
1. Tratá de no parecer turista (no me ayuda andar con El Brazo y su obvia no-uruguayez).
2. Si 1 falla, no sacar fotos a cosas “feas” de Montevideo en presencia de otros Montevideanos
El Nuevo Uruguayo anda muy sensible.




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viernes, 6 de julio de 2012

Isabel Márquez (1922 – 2012) In Memoriam


Isabel Márquez del Palacio del Café

No soy religiosa, pero si hay un cielo, en este momento debe estar envuelto por un exquisito aroma a café porque Isabel seguro los está deleitando con sus especialidades y su gracia infinita.

Mi adicción a la cafeína es viejísima, tan vieja como yo. No me acuerdo de mi primer café con leche pero sí me acuerdo de dónde salía el café que llenaba mis tres tazas diarias. Vivíamos en ese entonces cerca del Palacio del Café. Mis primeros recuerdos son de cuando tenía 3 años y mi madre me llevaba a comprar los granos venditos que perfumarían mi ración de leche. Y en aquel Palacio del Café estaba su reina, Isabel, siempre radiante, siempre majestuosa.

En esos días yo creía que Isabel era su dueña. Siempre nos recibía muy elegante y simpática con un beso y en cada visita me daba un chocolatito Águila. Nunca supe quién pagaba el chocolate pero para mí era ella que me lo regalaba y no había día de la semana que me gustara más que aquel día en que la Reina Isabel, me esperaba en su palacio de aromas hipnotizantes con un chocolate. Isabel era mi primera amiga fuera del entorno familiar.

Unos años después la escolaridad y una mudanza a barrios más lejanos me privaron de aquellas visitas. El nuevo barrio contaba con un moderno supermercado que vendía el café ya embolsado. La modernidad y conveniencia cambió los hábitos de compras de mis padres pero la cajera del supermercado no solo no repartía chocolates sino que ni nos dirigía una mirada.

Palacio del Café
El Placio del café en la época que Isabel trabajaba allí.

Ya de adulta e independiente, volví a vivir al Centro y volví a comprar mi café en el Palacio del café. Allí estaba Isabel, más madura pero con la misma elegancia y actitud hacia sus clientes y su trabajo. Entonces me enteré que no era la dueña sino una empleada. Con Isabel aprendí que se puede amar y disfrutar de un trabajo, que se puede tratar al trabajo y a los clientes con amabilidad y respeto. Y que si uno ama su trabajo, puede estar allí toda una vida. Isabel se jubiló de su primer y único trabajo hace ya bastante y se dedicó a disfrutar de sus viajes y su séquito de amigos. Hizo muchísimas amistades entre compañeros de trabajo y clientes.

Hoy fui al Palacio del café y me enteré de la mala noticia. La semana pasada la Reina Isabel no pudo convencer al cliente máximo de que la dejara estar un poquito más. Un quiebre de salud no se pudo curar ni con su fuerza de voluntad ni con su amor a la vida.

Había soñado con hacerle una entrevista para este blog algún día, para que ella misma nos contara sobre su vida. Pero no llegué a tiempo. Ahora Isabel debe estar en su nuevo palacio, porque seguramente sigue siendo una reina, y andará repartiendo chocolatitos envuelta en una nube con aroma a café.

Te recordaremos siempre Isabel.

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