Empiezo este post
con un descargo de responsabilidad: no me gustan los ticholos y hace como diez
años que no pruebo uno. Por eso sería muy subjetivo escribir un post de lo
horribles que son los ticholos. No me creería nadie, especialmente los cientos
de miles de personas que creen que son una delicia.
Entre ellos está
El Brazo, quien no hace más que comprarse unos paquetes enormes de 760 gr y que
con el cuento de que van a expirar se los come en un santiamén. Por eso mismo
le pregunté si no quería colaborar en el blog de otra manera que no fuera
comiendo y que escribiera alguna cosita sobre qué es lo que le gusta de los
ticholos. Parece que a pesar de ser El Brazo, es manco porque se niega a
escribir nada.
Lo tuve que
entrevistar para poder cubrir este ítem de la cultura gastronómica “uruguaya”
en este prestigioso e imparcial blog. Lo que saqué en conclusión es que es como
una adicción porque se come uno y tiene que seguir con otro hasta que se
acaban. Le gusta que cree que se puede comer solo uno para endulzar la tarde
pero que al final se come como 10. Le gusta el sabor a banana y la textura del
dulce.
Eso es todo lo
que saqué de la entrevista, estaba de pocas palabras porque justo se estaba
comiendo un ticholo.
Yo puedo agregar
que también le gustó utilizar los ticholos para molestar en el cine durante el
festival internacional de Seattle. Llevó 3 ticholos y cada vez que abría uno el
señor de adelante le pegaba unas miradas que hubieran sido asesinas si las
luces de la sala hubieran estado prendidas. Conclusión, si vas a llevar
ticholos al cine asegurate que vas a ver una película de cowboys porque en los
Film Festivals el horno no está para ticholos. O llevalos ya desenvueltos. Nunca
supimos si las amenazas venían por el ruido del papel celofán o de pura
envidia.
Consumición: = un
paquete de 760 gr. $ 75
Ticholos de banana Mariola
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