La marca Colet de
Conaprole tiene fuertes asociaciones positivas para mí. Fuente de placer infantil
cuando todavía venía en botellas de vidrio. Fuente de sufrimiento infantil cuando decidieron descontinuar el Colet.
Y grandes fiestas y festejos cuando volvió con su sabor achocolatado casi como
el original.
Fast forward al siglo
XXI y su prima el Colet Capuccino también fue aceptada en mi vida.
Así que cuando vi
la cajita de Colet Blanco en la heladera del super, me avalancé. A duras penas
esperé a que se enfriara un poco en la heladera de casa antes de zambullirme en
su blancura. El primer sorbo fue horrible: super dulce con un retrogusto
químico horroroso.
Pensé que tal vez
no lo había agitado bien antes de abrir y volví a empezar. Nada, igual ese
retrogusto desagradable. Lo pasé a un
vaso por si el problema era producido por la cajita. No way. Ya con lágrimas en
los ojos (de tristeza y asco) me di por vencida. De todas formas, como no había
más remedio que ver el vaso del todo lleno de blanco, decidí ponerle un poco de
chocolate, y ahí sí, la cosa mejoró.
Tratando de hacer
algo positivo de este producto, se me ocurrió después que tal vez quede bueno
con helado de chocolate y algún jarabe de chocolate o café. O helado de
frutilla y granadina. Como si fuera un milkshake.
¿Para qué hice esta
entrada de un producto tan horrible?
Para que ustedes no se claven también. Y para dejar por aquí sentada mi
denuncia de que Conaprole ha violado la purísima marca Colet con violencia y alevosía.
No se los voy a perdonar nunca. Ahora tendré que esperar que el Alzheimer me
borre esta desagradable memoria que el Colet Blanco a grabado en el lóbulo
goloso de mi cerebro.
Las buenas
noticias son que la caja dice “Edición Limitada” Ojalá que me haya tomado la última y me haya
sacrificado por todos ustedes.
¡QEPDP (Que En Paz Descanses Pronto) Colet Blanco!
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