Y me saqué el
gusto: tomé una clase para aprender a hacer dibujitos en el latte. Aprovechando
que estaba de vacaciones en el Silicon Valley, averigüé que Barefoot Coffee
Roasters tenía varios cursos, desde catación hasta Arte en Latte.
Como niña chica,
llegué temprano a mi clase en un domingo bastante mas lindo que el de hoy. Sin
embargo, no fui la primera. Varios de mis compañeritos de cursos ya estaban
instalados conversando sobre sus máquinas de expreso. Yo todo sonrisas asentía
sin decir palabra. De pronto una de ellos me pregunta “Y vos? Qué máquina de
espresso tenés?” Cuando dije “Ninguna” se oyó la mosca que volaba en la otra
cuadra porque ya no había ni pestañeo en aquellos ojos fijos atónitos. “Y cómo
vas a practicar cuando terminemos el curso?” me preguntó otro. Solo me encogí
de hombros.
Por suete llegó
la teacher y todos manos a la obra. Bueno, en realidad ella puso sus manos a la
obra mientras nos explicaba la ciencia detrás de hacer un buen espresso, la
base de todo delicioso latte y cappuccino. Luego nos enseñó a calentar la leche
para lograr la espuma perfecta para nuestro futuro arte. Por último nos mostró
cómo hacer un corazón, que según ella, es el dibujo más fácil y por eso
empezábamos con él. Como verán en la foto, su corazón es enorme y hermoso.
Luego llegó el
turno de los students. Eramos 5 y fuimos pasando de a uno a intentar nuestro
corazón. Por suerte yo no era la primera, porque con mucha rapidez comprobé que
no iba a ser nada fácil. Hay que aprender a calcular cuánta leche se vierte
primero como para que vaya al fondo, y en un momento específico bajar el chorro
e inclinar para que “caiga” la espuma y terminar con un chorro que va de punta
a punta y forma el corazón. Todo esto, sin desbordar la taza de líquido.
Les hago fast
foward y les digo que todos intentamos 3 veces. Este fue mi mejor “corazón” Ya
ven que no tengo un buen corazón y que tal vez es momento de pedir hora a un
cardiólogo. Y éste no es mi tercer intento. O sea, uno tiene avances y
retrocesos.
En resumen, la
clase valió la pena. Aprendí lo difícil que es hacer un dibujito. Aprendí que
hay que limpiar muy bien el tubito de calentar la leche y que si lo vemos medio
marroncito es que no lo han limpiado bien y debemos salir huyendo del café. Y
lo mejor de todo, me tomé tres deliciosos cappuccinos con Barefoot Coffee
Roasters hechos por mí. Mi corazón será lamentable, pero los cappuccinos me
salieron deliciosos. Claro, estuve toda la tarde activa y El Brazo me tuvo que
dar un martillazo para que me calmara.
Solo se vive una
vez.
Consumición: 1 curso
= US$ 45
Barefoot Coffee Roasters
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